Como ya dije en mi presentación, viajar me apasiona y siempre que tengo la oportunidad intento descubrir nuevos países, nuevas culturas y diferentes formas de vivir.
Cuando viajo no solo me dedico a ver los paisajes sino que también me gusta meterme un poco más en lo profundo de cada lugar, ver cómo viven, como son sus días, sus costumbres, su ritmo. Me encanta comparar esas realidades con la de España, porque creo que es así como los lugares realmente te marcan: cuando los vives desde dentro
Cada viaje me enseña algo nuevo. No solo sobre el lugar al que voy, sino también sobre mí misma. Siempre que viajo veo los viajes como una especie de formación paralela: una escuela sin paredes ni horarios.
🌷 LO QUE ME HE LLEVADO:🌷
CUBA:
De Cuba me llevé la alegría. Allí descubrí que, aunque se tenga poco, se comparte mucho. Las calles están llenas de música, risas y comunidad, y los niños aprenden jugando, cantando y acompañándose unos a otros. Sin duda alguna, yo creo que es el país que más me ha marcado y del que más recuerdo bonito y emocional tengo.
Me hizo pensar que en el aula también debería de tenerse en cuenta todos estos aspectos, tendría que haber más ritmo, más humor y más afecto: que aprender puede ser una celebración de estar juntos. Aprender es una gran suerte que no todos tienen
MARRUECOS:
De Marruecos, al igual que en Cuba, me llevé la riqueza de la vida cotidiana. Me fascinó observar cómo la cultura, la familia y la comunidad se entrelazan en cada gesto del día a día. Los mercados llenos de colores, niños jugando en las plazas, familias compartiendo tiempo y tradiciones con entusiasmo... Aprendí que educar también es crear espacios donde la vida se sienta compartida, donde cada niño pueda sentirse acompañado, descubriendo que esa conexión con los demás es tan importante como cualquier lección en el aula.
FRANCIA:
De Francia me llevé la autonomía, pues me sorprendió ver cómo los niños y niñas desde pequeños van solos al colegio, resolviendo pequeñas cosas con una madurez natural. Vi una educación que confía, que deja espacio para equivocarse y aprender de ello.
Aprendi que educar también es soltar poco a poco la mano, permitiendo que los niños descubran los que son capaces de hacer cuando alguien cree y confía en ellos.
MALTA:
De Malta me traje el valor del lenguaje. En una pequeña isla donde conviven tantas lenguas (inglés, maltés, italiano, castellano...), entendí que hablar no es solo usar palabras, sino encontrar puentes. Vi como las personas (yo incluida) se esforzaban por comunicarse, por entender y hacerse entender, más allá del idioma.
Pensé en lo importante que es, en la escuela, fomentar la expresión: no solo enseñar a hablar bien, sino animar a atreverse, a decir, a preguntar, a compartir lo que uno piensa y siente.
CROACIA:
De Croacia el respeto por la naturaleza es lo que me llevé. Sus paisajes me recordaron lo que muchas veces olvidamos: que la escuela no siempre tiene que tener paredes.
Aprendí que el mar, los bosques y las montañas también educan. En cada paseo, en cada mirada hay una lección de equilibrio, de cuidado, de conexión con el entorno que nos rodea.
CANADÁ:
En Canadá me sorprendió ver cómo conviven tantas culturas, tradiciones y formas de ser, y cómo cada persona encuentra su lugar dentro de la comunidad.
Esa convivencia me recordó que, en la educación, también podemos construir aulas donde cada niño se sienta incluido y respetado, y donde aprender de las diferencias se convierta en una oportunidad para crecer juntos. Canadá me enseñó que la diversidad no solo se celebra, sino que se enriquece de cada experiencia de aprendizaje
ALEMANIA:
De Alemania me llevé la organización y el valor del trabajo en equipo. Allí vi cómo las cosas funcionan gracias a la cooperación, la responsabilidad y el respeto por las normas comunes. Todo parece estar pensado para que cada persona aporte su parte.
Me hizo reflexionar sobre la importancia de enseñar a los niños no solo a colaborar, sino también a ser autónomos, comprometidos y conscientes de que su esfuerzo tiene un impacto en el grupo.
🍒 LO QUE DEJO:🍒
En cada viaje dejo en mi casa un poco de estrés, la necesidad de tenerlo todo planeado y la preocupación por entenderlo todo. Viajar me enseña que no pasa nada por improvisar, perderse un poco o dejar que las cosas sucedan, porque muchas veces son esas sorpresas las que más enseñan.
Dejo también las ideas previas. Cada país me ha sorprendido por su gente, su cultura y su forma de vivir. Y eso me ha recordado que las personas, igual que los niños, siempre son más de lo que imaginas al principio.
🎒UNA MALETA QUE NUNCA SE CIERRA🎒
Mi “maleta pedagógica” está llena de recuerdos, paisajes y personas, pero sobre todo de lecciones de vida. Cada vez contiene más experiencias que, sin darme cuenta, me están formando como futura maestra.
Quizá algún día, cuando tenga mi propia clase, proponga a mis alumnos crear su maleta del aprendizaje: un espacio simbólico donde guarden todo lo que han aprendido fuera de los libros. Porque al final, todos viajamos de alguna forma, aunque no crucemos fronteras, ni salgamos de nuestra propia ciudad. Lo importante no es cuántos países visitas, sino cuántas veces cambias tu forma de mirar.







Me encanta viajar como a ti y me parece super interesante la lección que has sacado de esta experiencia tan bonita. Me encantaría visitar todos los países que tu has visitado y descubrir lo maravilloso de cada uno. Espero que tu maleta nunca se deje de llenar de recuerdos y aprendizajes bonitos y que todo eso te sirva como guía en tu camino.
ResponderEliminarQué entrada tan bonita Sara! Qué maravilla que hayas viajado a tantos lugares y haberte llevado un pedacito de cada uno de ellos!
ResponderEliminarque bonita tu entrada!! se nota que has viajado muchísimo pero sobre todo que lo has hecho con una mentalidad diferente; no viajas solo por viajar sino para descubrir, entender y aprender.
ResponderEliminarTu perspectiva sobre viajar me ha parecido muy interesante!! Me ha gustado mucho tu entrada y la manera en la que relacionas viajar con aprendizaje.
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