NOVIEMBRE VISIGODO EN HOYO DE MANZANARES: UNA EXPERIENCIA PARA VIAJAR AL PASADO
Este año he tenido la oportunidad de formar parte activa del proyecto "Noviembre visigodo". Junto a varios amigos, hemos colaborado en la preparación de actividades, la organización del espacio y distintos materiales que luego se utilizan durante las recreaciones históricas.
Participar desde dentro me ha permitido ver todo el trabajo, el cariño y la coordinación que hay detrás de este evento, que para mucha gente es simplemente “una fiesta”, pero que para quienes lo vivimos de cerca es un proyecto comunitario que une tradición, historia y mucha dedicación.
No solo ha sido una experiencia cultural muy enriquecedora, sino también una oportunidad para reflexionar como futura maestra sobre el valor educativo del patrimonio y las actividades fuera del aula.
Un pueblo convertido en historia viva
Durante todo el mes, Hoyo de Manzanares organiza visitas, talleres, recreaciones históricas y actividades que giran en torno al yacimiento arqueológico de La Cabilda, un antiguo asentamiento visigodo situado en plena naturaleza.
Pasear por el recinto y ver cómo vivían, trabajaban y se organizaban las comunidades visigodas hace más de mil años es una forma increíble de acercarse a la historia desde la experiencia directa.
Uno de los momentos más llamativos son las recreaciones: artesanos trabajando la madera o el metal, grupos vestidos con ropa de la época mostrando cómo era su vida cotidiana, y explicaciones que permiten entender los objetos, herramientas y costumbres reales de aquel tiempo.
Aprender con todos los sentidos
Uno de los motivos por los que me encanta este proyecto es porque es una experiencia que educa de forma vivencial. No es un festival que se limita a enseñar; invita a tocar, experimentar, preguntar y observar.
Me parece un ejemplo perfecto de cómo se puede acercar la historia al alumnado de manera activa y significativa. Cada taller y cada demostración se convierte en una oportunidad para aprender a través de la experiencia, algo fundamental en las etapas educativas de infantil y primaria.
Patrimonio, cocina y cultura: mi pequeño grano de arena de forma individual
Este año también he podido ver de cerca cómo algunos restaurantes del pueblo preparan menús inspirados en ingredientes y recetas que recuerdan a la alimentación visigoda.
Mi formación previa en nutrición hizo que me fijara especialmente en esta parte del proyecto, pues pude aportar un poco yo también, ayudando a que dichos menús preparados fuesen equilibrados: es increíble cómo la gastronomía puede usarse para conectar pasado y presente, y cómo puede convertirse en una actividad educativa perfecta para trabajar en el aula.
Lo que me llevo de la experiencia
Ser parte del Noviembre Visigodo desde dentro me ha hecho sentir aún más orgullo por mi pueblo y por cómo cuidamos nuestra historia.
También me reafirma en algo que cada vez tengo más claro como futura docente: la educación no está solo dentro del aula. El patrimonio local, la comunidad y las experiencias reales pueden ofrecer aprendizajes mucho más profundos que cualquier libro.
Este proyecto demuestra que, cuando se trabaja en equipo y con ilusión, la historia puede cobrar vida y convertirse en algo cercano, participativo y memorable.
¿Volvería a participar?
Este año lo he vivido desde otro lugar, y ha sido una experiencia preciosa.
Volvería a colaborar sin pensarlo, y animo a cualquiera a visitar Hoyo durante noviembre para disfrutar de un evento que mezcla historia, naturaleza y comunidad de una forma única.
Se prepararon no únicamente recorridos por el pueblo o talleres gastronómicos, sino que los domingos, se realizaban gymkanas o diferentes actividades interactivas para los niños, haciendo que fuese más divertido.
¡Os amino a todos a participar, informaros más sobre ello o incluso a venir el noviembre que viene!







Comentarios
Publicar un comentario